Tristitia et anxietas
Cualquiera que se dedique a la música renacentista sabe que hay algunas obras que son la cima del repertorio. No me refiero a grandes composiciones de varios movimientos, como un Officium Defunctorum, sino a piezas individuales, motetes mayormente, que constituyen un punto álgido en cualquier programa en el que aparecen. En Ars Mvsica hemos sido afortunados y audaces como para cantar muchas de esas obras, de las que enumero algunas: Maria Magdalene de Francisco Guerrero, Salve Regina a 8 de Tomás Luis de Victoria, Suscipe quaeso de Thomas Tallis, Ne irascaris de William Byrd... La lista sigue, porque hemos sido realmente osados, y quizá en algún momento me decida a completarla con la ayuda del coro.
Tristitia et anxietas de Jacobus Clemens non Papa (1510-1556) es una de esas obras. Fue publicada en su Liber primus ecclesiasticarum cantionum quatuor vocum (Amberes, Tielman Susato, 1553). Seguramente fue este mismo editor el origen del apelativo non Papa, seguramente como una broma afectuosa entre ambos, porque nada indica que existiera la más remota posibilidad de confundir a Jacobus Clemens con el Papa Clemente VII, quien murió en 1534, mucho antes de que nuestro autor hubiera publicado nada.
Al contrario que otros autores franco-flamencos, Jacobus Clemens nunca viajó a Italia, por lo que su polifonía está ausente de esa influencia y representa un estilo puro del estilo de su escuela. Compuso 14 misas parodia y un oficio de difuntos, así como numerosos motetes y obras profanas. Destaca entre sus composiciones los Souterliedekens, publicados en 1556 por Susato, y que son la única muestra de música renacentista protestante en holandés, al tiempo que suponen la primera composición en polifonía de los 150 salmos en dicho idioma.
En el momento de escribir este texto estamos ensayando Tristitias et anxietas de cara a unos conciertos que ofreceremos en el mes de mayo de 2026. Es una obra que sobre el papel no parece muy amenazadora. Está escrita para cuatro voces con una distribución de tesituras más que adecuada para nuestros coros modernos. La música en sí tampoco parece un gran reto, con temas de notas amplias, contrapunto imitativo de libro y una aparente intención del compositor por recopilar el top 10 de las cadencias renacentistas más agradables de cantar y escuchar. Tristemente su renombre no le viene por sí misma, sino por ser la precursora e inspiradora de otra obra del mismo nombre de William Byrd, hasta el punto que la obra de Clemens no conoció su primera grabación hasta 2010.
El autor usa recursos muy sencillos para transmitirnos la angustia de un texto penitencial con ecos en el oficio de difuntos. A menudo recurre a una simple variación de medio tono sobre la nota inicial de un tema para volver a ella a continuación, con idénticos resultados, aunque se varíe la duración de las notas o el recurso contrapuntístico empleado. Ocurre al principio, con el tema inicial Tristitia et anxietas, y vuelve a ocurrir con los textos occupaverunt, moestum factum o Vae mihi, en la primera parte, o Sed tu Domine, al principio de la segunda.
Este tipo de escritura requiere una gran concentración en la afinación. La apertura "doliente" del motete no funciona si no fijamos claramente la altura de la nota inicial de cada voz, y la tenemos presente mientras dirigimos el semitono que la abandona. Este reto de afinación en ocasiones encuentra soporte en el texto, es más fácil asumirlo cuando cantamos occupaverunt, o con toda la tensión armónica que en Vae mihi provoca la música ficta, especialmente en la linea de tenor.
No hay nada aleatorio en la preparación de una obra de esta magnitud. Por mi parte, como director, he estado estudiándola muchos meses antes de ponerla en el atril de mis cantantes. Aunque hay dos versiones de dominio público de la partitura, opté por comprar la licencia de uso de la edición realizada por Sally Dunkley para The Sixteen, porque creo que ofrece una excelente colocación del texto, una clara determinación de la música ficta y numerosos pequeños detalles que hacen muy cómodo el uso de la partitura.
Para los cantantes también hay trabajo, porque una obra así no sólo requiere del estudio de la voz de cada uno, sino una completa inmersión, conocer cada textura, cada momento, cada espacio donde las protagonistas son otras voces. Generalmente obtenemos un conocimiento así de piezas breves, livianas, festivas... pero es imprescindible alcanzarlo en estas grandes obras, porque sólo si te entregas por completo a ellas, vas a ser capaz de disfrutarlas, de recibir todo lo que tienen que darte. Si no las escuchamos con regularidad, en el ensayo siempre iremos detrás; si las escuchamos frecuentemente, empezaremos a anticiparnos. No podemos dejar escapar la oportunidad de conocer profundamente una obra así porque son contadas las que pasarán por nuestro atril durante nuestra vida como cantantes. Hay que escucharla como se escucha un paisaje: muchas veces, sin prisa, hasta que deja de ser música y se convierte en lugar.
En nuestro caso, para este cometido, hay dos versiones clave, que son la grabación de The Sixteen dentro de su disco A Watchful Gaze (Apple Music - Spotify) y la excelente grabación en directo de este mismo grupo dentro de su Choral Pilgrimage de 2023 en YouTube. Los coros amateur siempre hemos usado las grabaciones de los coros profesionales para inspirarnos y preparar nuestras obras, pero la existencia de tantas grabaciones en directo disponibles principalmente en YouTube eleva esta utilidad a un nivel completamente distinto, dado que permite ver mucho de cómo estos cantantes afrontan cada reto de la partitura, cada articulación en particular, cada momento de tensión... La elección de estas dos versiones es evidente para nosotros, porque estamos usando la misma edición de la partitura que usa The Sixteen, pero es que tampoco hay mucho dónde elegir, porque no conozco otra grabación más que no sea la de The Brabant Ensemble (la primera grabación). Sin embargo hay multitud de grabaciones de la obra homónima de William Byrd.
Creo que nosotros no elegimos estas grandes obras para ponerlas en el atril, sino que son ellas las que de alguna forma nos eligen a nosotros. En este caso, tenemos además la obligación añadida de dar más reconocimiento a la que sin duda es una de las grandes obras polifónicas del Renacimiento.